La labor educativa no puede estar aislada de las realidades sociales, económicas y políticas que vivimos. La violencia y la intolerancia son el pan de cada día en nuestro país, como docentes y comprometidos en la formación de ciudadanos y ciudadanas, debemos aprovechar el tiempo que transcurren nuestros estudiantes en la escuela para que sea un espacio de crecimiento que potencialice y favorezca el dialógo, la reflexión y el reconocimiento a las diferencias a través de valores democráticos.